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Conociendo un poco más del Estrés
Autor: Gerencia Clínica (@programasAVE) | Fecha: 04-03-2015

Si preguntamos ¿qué es el estrés? Muchas personas contestan “algo que hemos sufrido todos… Al solicitar que nos relaten ¿qué recuerdan de cuando lo han “sufrido” y cómo se sintieron, si aún lo recuerdan? ¿qué reacciones de su cuerpo logran identificar? La mayoría, luego de un breve silencio, se limita a describir eventos, situaciones y casos que han vivido como actores o como testigos (presenciales o de referencia) y que describen como “estresantes”, lo cual supone la incorporación de la pregunta qué es el estrés, en la respuesta, “es un situación estresante”. Es importante conocer que un número considerable de personas asocian el estrés con respuestas emocionales y psicológicas pasajeras, y perciben este fenómeno fisiológico como si se trátese de un término gramatical sinónimo de angustia, ansiedad, rabia, tristeza, impotencia, etc., de donde colegimos que el término estrés, al igual que los conceptos de lealtad, felicidad, éxito o fracaso, entre otros, puede tener un significado diferente para cada ser.

Cada vez es más frecuente escuchar a personas en el hogar, la escuela, supermercado o en la oficina, que hacen referencias acerca del estrés que “sufren” o el que experimenta tal o cual persona. Describen la situación, el ambiente donde se produjo el “ataque de estrés” y hasta el agente que lo generó, pero les cuesta describir lo que su cuerpo siente; no pueden identificar el inicio de las respuestas físicas y emocionales instantáneas que se producen en su cuerpo, así como tampoco los cambios anímicos que experimentan, es más, si llegan a describir el proceso, se estrellan contra la siguiente pregunta ¿conozco la forma de evitar tan desagradable respuesta de mi cuerpo cuando se encuentra inmerso en las situaciones que describe como angustiantes?

Así las cosas, queremos comenzar por afirmar que el estrés es más que una emoción, es una respuesta, una reacción de nuestro cuerpo ante situaciones que lo desequilibran, que son en extremo demandantes o que percibe, con razón o sin ella, como una agresión. Es importante señalar que el estrés en sí mismo no es perjudicial. Es en sí un mecanismo de defensa, que incluso nos puede salvar la vida en un momento determinado y que encuentra biológicamente una justificación. Existe suficiente literatura que describe casos de personas que corren más rápido, que de pronto adquieren una dosis increíble de creatividad y asertividad nunca experimentada para encontrar salidas a problemas vitales, o que quizás desarrollan fuerzas inusitadas para salvarse o salvar a otros. El cuerpo humano, ante lo que percibe como una alarma (sea o no real), se pone a tono inmediatamente para protegerse, emite esta respuesta fisiológica intensa, que persigue salvaguardarlo de esa situación determinada.

Existen numerosos estudios médicos, validados y plenamente corroborados, que han demostrado que el cuerpo humano, ante agentes físicos y psicológicos que percibe como agresores, responde produciendo cambios bioquímicos y fisiológicos que lo preparan para un escenario de lucha o huida. Nuestro organismo produce entonces reacciones tales como: el incremento del ritmo cardiaco, aumento del ritmo y disminución de la profundidad respiratoria, aumento de irrigación sanguínea a nivel muscular, incremento de la transpiración, resequedad en boca y garganta, aumento de la secreción de algunas hormonas, disminución en la secreción de insulina. Esta es una respuesta extraordinaria que NO puede mantenerse por mucho tiempo; nuestro organismo debe volver lo más pronto posible a su normalidad cardiovascular, respiratoria, hormonal, psicológica, etc., ya que de mantenerse hiperactivado por periodos prolongados, generaría daños en el organismo que incluso podrían causar la muerte.

Entonces, ¿qué pasa si nos sometemos diariamente a situaciones estresantes, o estas se mantienen, o se hacen recurrentes?

Lo extraordinario se vuelve habitual y comienzan los problemas, el estrés se convierte en un factor sumamente perjudicial para la salud integral de las personas. Y es que el asunto radica en que muchas situaciones sociales (hogar, trabajo, deporte, escuela y diversión) pueden producir situaciones que al ser percibidas como agresiones, disparan en nosotros señales de alarma, cuya respuesta orgánica no se equilibra con una reacción de ataque, defensa o huida, por el contrario, debemos evitar cualquier respuesta “violenta” ya que socialmente no podemos actuar como el cuerpo demanda que reaccionemos.

Nuestro cuerpo permanentemente estresado pone en marcha un mecanismo de protección denominado “Adaptación”. La activación fisiológica al estrés se produce, pero ahora en menor escala, lo cual, por decirlo de algún modo mantiene nuestro organismo acelerado y a la espera de una rapidísima respuesta para emprender ATAQUE, DEFENSA o HUIDA, y esto no sucede. En tales circunstancias el organismo, cargado de hormonas, oxigenación adicional y todo lo que hemos descrito, debe funcionar con esos valores alterados, si bien este proceso de adaptación no será causa inmediata de muerte por descompensación general, será a mediano plazo el precursor de enfermedades graves y todo tipo de dolencias.

Imaginemos una situación prolongada de estrés, familiar, social o laboral. Los mecanismos de alerta fisiológica se mantienen activados, las reservas del organismo poco a poco caen, el cuerpo se va agotando, consumiéndose a sí mismo, y proviene la etapa que se denomina de “agotamiento o claudicación”, en la cual reina la morbilidad o enfermedad post estrés. Se producen afecciones tales como: gastritis, ulceras, lumbalgias, hipertensión, taquicardias, ataques de pánico, insomnio, pérdida de la atención y concentración, depresiones, cefaleas, estados anímicos mórbidos, y comienza una desagradable y nada deseable etapa progresiva de malestares generales, en las que muchas personas expresan ¡me siento mal y no sé por qué…!

Es por ello que debemos comenzar a conocer e identificar:

  • Cuáles son las reacciones de nuestro cuerpo ante agentes externos que nos producen respuestas fisiológicas propias de estados orgánicos de estrés.
  • Cuáles son los agentes, internos o externos, más frecuentes causantes de estrés y,
  • Cuáles son las estrategias más adecuadas para afrontar positivamente situaciones que nos pudieren generar estrés.

En definitiva, ¿cómo podemos evitar que el estrés nos tome? ¿Qué medidas adoptar para afrontar positivamente aquellas situaciones que nos pueden afectar? En próximos artículos conoceremos cuales han sido históricamente las fuentes de estrés más recurrentes en la población y las técnicas de afrontamiento positivo que podemos poner en marcha para evitar que el impacto negativo físico y emocional, nos afecte y sobre todo, cómo establecer estrategias para abordar las situaciones diarias que nos pudiesen afectar y hacernos infelices.



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