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El Docente. Otra víctima del acoso escolar.
Autor: Gerencia Clínica (@programasAVE) | Fecha: 24-04-2015

Debido a la creciente cultura de violencia que ha ido escalando en nuestra sociedad actual, nuestros entornos más importantes (hogar, trabajo, escuela y comunidad), se han visto seriamente afectados y muchos aún no sabemos cómo enfrentarnos a situaciones que sentimos que van más allá de nuestros recursos personales y emocionales, esto ha traído como consecuencia que cada vez más personas se vean afectadas por trastornos de tipo psicosocial (estrés, angustia, miedo, desesperación, ansiedad, etc.).

Hoy hemos considerado importante dedicar unas líneas a un grupo significativo de nuestra sociedad como lo son los profesionales de la docencia, consideramos esencial que tomemos en cuenta la situación de indolencia que enfrentan las personas encargadas nada menos que de ayudar en la formación de nuestros niños y jóvenes adolescentes. A continuación les presentamos un breve panorama de sus condiciones de vida y trabajo.

 

El acoso al docente…

Nuestras escuelas y principalmente sus aulas se han convertido en un suplicio para un número nada desdeñable de los profesores, maestros y auxiliares de docencia que laboran en ellas; para muchos de ellos los salones de clases se han transformado en un verdadero potro de tortura que les está haciendo padecer de enfermedades que están catalogadas de riesgo psicosocial.

Estamos hablando de la otra cara de la moneda del denominado "bullying" (acoso escolar) que afecta no sólo a los alumnos, sino también a los profesores y maestros, solo que en el caso de un trabajador se denomina “mobbing laboral”. Víctimas colaterales del "bullying", los docentes reiteradamente manifiestan haber sufrido actos de violencia psicológica o física en los centros escolares. Actitudes, protagonizadas la mayoría de las veces por alumnos, en ciertas oportunidades son replicadas sobre el cuerpo docente por los padres o representantes de éstos, creando estados elevados de angustia en ésta población laboral.

El hostigamiento verbal, la intimidación, las agresiones, los robos y las amenazas físicas o legales, se ciernen sobre el profesorado, como si hubieran perdido su antigua y tradicional aura de respeto y autoridad. Sometidos a una angustia permanente, que germina en sus mismas aulas, estos profesionales tienen claro los orígenes de la mayoría de estas conductas: la violencia social, la crisis de valores, la falta de disciplina y límites, las agresiones en el hogar y otras por este orden.

 

Impotencia e indefensión…

La mayoría de los docentes "refieren una creciente impotencia ante niños y jóvenes adolescentes que, de manera general, son cada vez más violentos en sus manifestaciones hacia sus iguales y hacia sus propios profesores", esa es la tesis mantenida por los especialistas Iñaki Piñuel y Araceli Oñate, autores del libro "Mobbing escolar". Así mismo, “la degradación ambiental”, señalan los expertos, lleva a numerosos docentes a llegar a sentir miedo antes de entrar a sus aulas y tener que enfrentarse a una tarea que es vivida con el temor propio de quien se interna en una selva; semejante clima laboral les expone a un tipo de riesgo profesional de naturaleza "psicosocial". La impotencia y la indefensión que viven de manera cotidiana inducen a algunos profesores a mirar hacia otro lado. Según los autores de la obra mencionada, son muy numerosos los profesores que, atados de pies y manos por la proverbial máxima del prohibido prohibir, "se ven impotentes e incapaces de mantener ninguna disciplina".

Abandonados a su suerte, los profesionales de la educación justifican su estrés ante la falta de apoyo de los padres para imponer disciplina. Una enorme cantidad de docentes sufren riesgos psicosociales como: "mobbing", "burn-out" o un nivel grave de “estrés laboral”, que afecta su salud cardiovascular y musculo esquelética. Así mismo, el deterioro de su salud psíquica y emocional es proporcional al tiempo que llevan trabajando. El riesgo psicosocial es mayor entre los maestros y profesores de la escuela básica y el bachillerato.

 

Los padres…

Los profesionales de la docencia se encuentran, cada vez más, frente a un tipo de padres y madres que forman parte esencial del problema. "Simplemente no están dispuestos a tolerar que se imponga a sus hijos la más mínima restricción o límite que marque, mantenga o garantice el orden o la disciplina en clase". Ante este muro infranqueable, un creciente número de estos trabajadores opta por tirar la toalla y renunciar a ejercer una labor educativa que dan perdida de antemano, ya que se encuentran presos de un sistema educativo y de protección legal contenido en la “Ley Orgánica de Protección del Niño, Niña y Adolescente LOPNA” en el que una errada interpretación de su contenido y extensión, conspira contra la posibilidad de mantener el orden, la disciplina, una adecuada transmisión de una estructura de valores y el necesario ambiente de trabajo intelectual basado en el esencial aprendizaje de que “el esfuerzo tiene su recompensa…”

A ello se une la falta de apoyo social a los docentes dentro de los centros educativos por parte de sus empleadores, accionistas o las sociedades de padres y representantes. Cerca de la cima de esta compleja situación se encuentran los padres, que desertan masivamente de las tareas educativas y "viven" más en sus lugares de trabajo que en sus hogares. "La falta de consideración social y de respeto por la profesión del educador explica que cada vez sea más habitual entre el profesorado la aparición de cuadros psicosomáticos de estrés, depresión o ansiedad".

 

Ambiente degradado…

La situación psicológica de los docentes es alarmante, encontrando: niveles graves de estrés laboral, síntomas depresivos, ansiedad y burnout (sensación de estar quemado profesionalmente). Cada vez es mayor el número de profesores que cree que debería abandonar la enseñanza y ante la pregunta ¿recomendaría a sus hijos, a familiares y amigos estudiar docencia? pocos están motivados y muestran poco interés en promocionar el estudio de su profesión a nadie.

Según los especialistas Piñuel y Oñate, muchos de estos docentes se encuentran al borde de crisis de salud, como las mencionadas, dado que se encuentran irremisiblemente sujetos a la exposición reiterada y a condiciones de trabajo nocivas. “Ellos desarrollan su trabajo -subrayan los autores- en un ambiente psicosocial degradado en el que ya solo se plantean cómo aguantar, resistir, o simplemente pasar cada día como un día más hasta la jubilación o el cambio de destino".

Mientras tanto, estos profesionales se encuentran en el centro de un huracán de indisciplina, faltas de respeto, agresiones y amenazas que reciben por parte de los alumnos o de sus padres, todo esto ante la mirada indiferente de los cuerpos administrativos de los colegios y planteles.

Para los trabajadores de la enseñanza, según los expertos, el dilema termina siendo terrible, “culminar naufragando en la depresión y el daño emocional o salvarse interponiendo un colchón defensivo de desapego, indiferencia o anestesia emocional que les permita sobrevivir como sea en una situación tóxica y crónica, a la que muchos ya no le encuentran remedio alguno”

Es hora de prestar atención a la columna central del proceso educativo y enfocar los esfuerzos en políticas sostenidas para mejorar la calidad del ambiente escolar instaurando programas de reforzamiento de conductas positivas que armonicen el entorno.



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