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Nuestras Creencias, Pensamientos y el Estrés
Autor: Gerencia Clínica (@programasAVE) | Fecha: 04-03-2015

Como hemos informado en diversos boletines anteriores relacionados al tema del estrés, nuestro cuerpo a nivel biológico, está diseñado y preparado para reaccionar mediante la activación de ciertos recursos internos, cada vez que una situación sea interpretada como desbordante a nuestra habitual capacidad de respuesta. Recordemos que estos recursos internos resultan sumamente beneficiosos mientras la situación requiera de acciones inmediatas, intensas, focalizadas en un espacio y tiempo limitados y determinados, ya sea para huir o para combatir de manera efectiva.

Ahora bien, las dimensiones del ser humano que responden a su naturaleza bio-psico-social, exigen que las necesidades propias de cada uno de esos ámbitos que lo conforman sean satisfechas, para sentirse seguro y en armonía consigo mismo; por tanto, cada vez que interpreta que alguno de estos aspectos se encuentra amenazado, activa el sistema de respuesta ante el peligro. Hasta ahora esa respuesta parece apropiada, sin embargo, existe un problema el cual podemos abordar a partir de dos aspectos importantes y, aunque en apariencia distintos se encuentran estrechamente interrelacionados.

Por una parte, están las respuestas fisiológicas que cada uno manifiesta a su modo, ante las demandas de nuestro día a día. En una sociedad tan competitiva como la nuestra, las presiones psicológicas, económicas, académicas, culturales, socio-políticas, entre otras, hacen que la activación de nuestros recursos internos de respuesta ante diversas situaciones se mantenga constantemente a un nivel alto, ocasionando la descompensación de nuestro organismo que no puede mantener por tiempos prologados los estados de alerta, sin colapsar.

Muchos autores coinciden en que toda persona tiene una serie de necesidades básicas, que debe mantener para sentirse estable, como la salud, la estabilidad emocional, la seguridad, la superación personal, entre otras. Cuando un individuo interpreta o siente que alguna de estas áreas se halla amenazada, puede desencadenar la reacción de activación del organismo y producir una respuesta de estrés.

Nuestra segunda vertiente, está fuertemente relacionada con nuestras creencias y pensamientos que son en gran medida responsables de nuestros miedos y angustias, aunque no siempre estamos conscientes de ello. Si miramos más estrechamente, podríamos afirmar que lo que ciertamente importa no es lo real de una situación, sino la visión interna subjetiva que tengamos de la misma y qué usamos para interpretarla, en forma consciente o inconsciente.

Durante la infancia las adquirimos de lo que constantemente nos dicen las personas importantes en nuestra vida; de la aceptación o rechazo que nos mostraron nuestros padres, amigos o familiares, y de algunas experiencias vividas, asociadas generalmente a una emoción muy fuerte. Como adultos, las cultivamos de lo que escuchamos o vemos de personas a las que consideramos valiosas, inteligentes o capaces, calificándolas como verdaderas porque creemos en ellas; y también de las experiencias que vivimos, sobre todo las relacionadas con el éxito y el fracaso. La importancia de esto se demuestra de forma sencilla ya que, como sabemos, cada persona reacciona de forma distinta ante una misma situación dependiendo de su forma de pensar y de las creencias que pueda o no tener en relación al hecho.

No obstante, es bueno recordar que tanto nuestro estilo de pensamiento como las creencias pueden ser aprendidas o modificadas a lo largo de toda la vida, independientemente de cómo se formaron, para ello es necesario identificarlas, aspecto que no resulta siempre fácil, ya que como dijimos anteriormente, en ocasiones no estamos conscientes de las mismas.

Entonces, ¿qué debemos hacer? Comienza por observar tus conductas, sobre todo cuando tienes algún problema o te sientes mal; trata de describirla y anótalo en una libreta, en este punto los expertos recomiendan escribir varias veces las siguientes frases: "actúo así, porque creo que…" y "me siento así, porque creo que…" deja un espacio en blanco después de cada frase y escríbelas en diferentes hojas. Al concluir, completa las frases lo más rápido posible poniendo lo primero que te venga a la mente. Repite el ejercicio unos días después, sin consultar la primera parte, posteriormente compara tus anotaciones y trata de analizar los resultados, te sorprenderás.

Analiza tu estilo de pensamiento y revisa si tus creencias te ayudan a vivir, relacionarte y sentirte bien o si te están afectando y causando malestar, de ser así, modifica los aspectos que te estén perjudicando. No es un proceso fácil, ni rápido, pero vale la pena intentarlo. Mientras seas cada vez más consciente de los pensamientos que pueden estar interfiriendo tu desempeño, irás mediando e insertando en tu día a día aquellos pensamientos o creencias que se adecúen más a la estabilización de tu vida en el área laboral y personal, y por ende lograr manejar por tu propia cuenta el estrés frecuente en el que te encuentras.



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