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Sanando a través del Duelo
Autor: Gerencia Clínica (@programasAVE) | Fecha: 05-03-2015

“Quien tiene un POR QUÉ VIVIR, encontrará siempre el CÓMO”

 

Como les contábamos en nuestro boletín anterior, a lo largo de nuestra vida experimentamos un cumulo de vivencias que implican pérdidas. Les referíamos que perdemos no sólo a través de la muerte, sino también cambiando, siguiendo adelante, siendo abandonados, renunciando (consciente o inconscientemente) a sueños, esperanzas, ilusiones, etc., pero que gracias a haber perdido algunas cosas hemos ganado otras, que los expertos coinciden en que son experiencias imprescindibles, constantes e insoslayables (no podemos esquivarlas), que forman parte de nuestro crecimiento personal, pues no hay ganancia importante que no implique de alguna forma una renuncia, un costo emocional o una pérdida.

En esta oportunidad vamos a refrescar un boletín de hace algún tiempo donde les habíamos hablado un poco sobre el duelo y de cómo a través de él llegamos a la sanación, lo consideramos importante ya que es el complemento a nuestro tema sobre las perdidas.

Ante todo, debemos saber lo que los expertos consideran como duelo, encontrando que la mayoría coincide en que es una reacción principalmente emocional y comportamental, que se manifiesta cuando un vínculo afectivo fuerte se rompe debido a la pérdida de una persona, animal, objeto o evento significativo, ocasionando sentimientos de sufrimiento, angustia y aflicción; su intensidad y duración serán proporcional a la dimensión y significado de la pérdida de cada persona.

Quienes pasamos por un proceso así, atravesamos una serie de etapas o vivencias, que aun siendo particulares para cada quien, en general se caracterizan por amplias y variadas reacciones que se presentan en cada uno de esos períodos, y son totalmente normales y esperables. Muchos especialistas en el tema han delimitado cinco (5) fases, algunas difieren en los nombres, sin embargo mantienen las mismas características. Estas etapas son:

  1. Impacto y Negación: se experimenta incredulidad, confusión, inquietud, angustia aguda, agitación, llanto, sensación de ahogo, pensamientos obsesivos y algunos síntomas físicos (debilidad muscular, temblor incontrolable, mareos y palpitaciones).
  2. Conciencia de la perdida: a medida que se acepta intelectualmente, se van manifestando ansiedad de separación, estrés prolongado, agresividad, impotencia, frustración, hipersensibilidad, trastornos del sueño, miedo, culpa real o imaginaria (estar vivo, auto-acusaciones, justificaciones incongruentes, sentir alguna alegría o alivio, entre otras).
  3. Conservación o retraimiento: se manifiesta con sentimientos de aislamiento, impaciencia, fatiga y debilidad, repaso obsesivo, apoyo social disminuido, necesidad de sueño, desesperación, desamparo, impotencia.
  4. Cicatrización o reacomodo: se va retomando el control, bajando el estrés, aumenta la energía física y emocional, dando paso a las perspectivas haciendo un balance de lo que se ha perdido, lo que queda y lo que se aprendió.
  5. Recuperación y sanación: se retoma el control, descubriendo los recursos profundos con los que contamos, sintiendo que se está listo para dar y/o pedir perdón a otros, a sí mismo, para dejar ir, para buscar e iniciar cosas nuevas, valorando la experiencia que va quedando.

Para adaptarse a una pérdida, se necesita esfuerzo y tiempo, además implica un cambio progresivo de actitud y transformación personal. Como hemos visto, el duelo no es un sentimiento único, sino una compleja y variada sucesión de sentimientos que precisan de cierto margen de tiempo para ser superados. Es importante vivir cada una de sus etapas profundamente, ya que esto nos fortalecerá, haciéndonos crecer emocionalmente, siendo más seguros y estables. Existen diferentes opciones de ayuda para afrontar este proceso, pero aquí expondremos varias recomendaciones sencillas que lo facilitan y ayudan a experimentar un duelo sano:

  1. Llorar es importante: es una reacción normal ante una pérdida significativa, al no hacerlo, se reprime una función natural del organismo para liberar tensión emocional que es sana y que facilita la relajación; como consecuencia se pueden presentar dolor de cabeza y tensión muscular y del cuello.
  2. Hablar de lo que se siente: generalmente, se tratan temas diversos que no recuerden lo sucedido, sin embargo hablar de las vivencias permite empezar a comprender, a sentir el apoyo de otros; ahondar en las circunstancias, reinterpretar la situación, darle un nuevo sentido a la vida y encontrar razones de lucha. Compartir sentimientos y estados de ánimo, ayudan a desahogarse y proporciona tranquilidad.
  3. Cambiar las rutinas establecidas: mientras nos adaptamos a la pérdida, durante el día se puede profundizar la sensación de soledad incrementando la tristeza y la añoranza; por lo cual se recomienda generar variaciones a la rutina, salir a caminar, asistir a la iglesia, visitar un amigo, comenzar a estudiar, etc., con la intención de adaptarse a la nueva situación.
  4. Cultivar el afecto en la familia: lo que facilita herramientas para soportar el dolor: compañía, dialogo, aliento, nuevos recuerdos positivos, sentido de pertenencia y expresiones físicas de afecto (besos o abrazos), esto llena espacios evitando la soledad y permite la reconstrucción de una nueva rutina de vida, estrechar lazos familiares, así mismo, mantener la comunicación aligera la carga.
  5. Generar cambios físicos en tu hogar: es importante a fin de crear nuevas asociaciones y recuerdos frente a un ambiente triste; también ayuda en el proceso de aceptación de la pérdida, a darle nuevo sentido a la vida y planificar el futuro, evitando la detención del tiempo y los recuerdos en un ambiente estático.
  6. Evitar tomar responsabilidades o decisiones importantes: aplazar las decisiones importantes (mudanza, venta de pertenencias, cambio de trabajo, etc.), hasta tener más control y dominio de la situación.
  7. Consultar a un profesional: si se considera que es demasiado arduo el proceso, se debe asistir a un especialista para recibir orientación y consejo.

Recordemos que el duelo tiene lugar tras cualquier clase de pérdida, aunque suele ser más intenso si se trata del fallecimiento de algún ser querido. Aunque todos somos diferentes, el orden en que experimentamos estos sentimientos es muy similar para la mayoría. No olvidemos que en definitiva tanto la pérdida como es duelo, son una vivencia única y personal y que a pesar del dolor nos permite el crecimiento personal, la auto-realización y la reorganización de nuestra vida, hacia un destino mejor si nos lo permitimos.



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